Multitudinaria movilización en Barcelona por la libertad de los presos y en defensa de la República catalana

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La capital catalana acogió ayer una nueva manifestación multitudinaria en la que cientos de miles de personas (750.000, según la Guardia Urbana) clamaron a una sola voz por la libertad de Jordi Sànchez, Jordi Cuixart, y de los ocho miembros del Govern encarcelados. El mensaje fue nítido: «Us volem a casa!».

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El soberanismo volvió a hacer ayer una demostración de fuerza y fueron cientos de miles los catalanes que, una vez más, respondieron a la convocatoria de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, en este caso para exigir la puesta en libertad de los presidentes de ambas entidades, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, así como la de los ocho consellers que permanecen en prisión.

Para el día de ayer optaron por un nuevo escenario, ya que la manifestación recorrió la calle Marina, desde cerca de la emblemática Sagrada Familia hasta llegar prácticamente al mar.

La Guardia Urbana cifró en 750.000 la cifra de asistentes a la movilización, mientras que, desde la organización, Agustí Alcoberro, vicepresidente de la ANC, ofreció un dato más particular: que la manifestación había ocupado 3,3 kilómetros.

«Libertad presos políticos» y «Somos república» fueron los lemas que rezaban las dos pancartas que abrieron la marcha, en la que los familiares de los encarcelados ocuparon un lugar destacado. Tras ellos se situaron numerosos representantes políticos e institucionales como Ada Colau, alcaldesa de Barcelona; Neus Lloveras, presidenta de la Asociación de Municipios por la Independencia; Miquel Buch, presidente de la Asociación Catalana de Municipios; la presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercè Conesa; el ya ex secretario general de Podem, Albano Dante Fachin o Joan Josep Nuet, miembro de la Mesa del Parlament, quien ha tenido que pasar esta semana por el Tribunal Supremo.

Tampoco faltaron a la cita otros nombres destacados como los de Neus Munté, Carles Campuzano (PDeCAT) y Roger Torrent (ERC), Benet Salellas, David Fernàndez y Gabriela Serra (CUP), Elisenda Alamany (Catalunya en Comú).

La representación vasca la formaron Maddalen Iriarte y Pello Urizar, por parte de la coalición EH Bildu, mientras que Andoni Ortuzar y Joseba Aurrekoetxea acudieron en nombre del PNV.

La manifestación, como es obvio por el motivo que llevó a convocarla, tuvo un marcado carácter reivindicativo, pero los convocantes, como acostumbran a hacer en sus actos, quisieron también que tuviera un tono festivo y familiar.

Cuando aún faltaban más de dos horas para el inicio de la marcha, que echó a andar pasadas las 17.00, se podía ver a numerosas familias, ataviadas con esteladas o con los ya conocidos lazos amarillos, haciendo una especie de pícnic en los jardines aledaños o tomando algo en los bares de la zona, en los que apenas quedaba ya sitio.

Se fueron haciendo cada vez más visibles carteles con lemas como «SOS Democracy», «Libertad presos políticos» o contra la aplicación del 155.

La cifra de autocares fletados, más de 900, ya permitía augurar que la manifestación sería de nuevo multitudinaria y así se confirmó después.

Durante la manifestación, se corearon casi de manera ininterrumpida lemas como «Puigdemont, president», «las calles serán siempre nuestras» u otros que se mostraron especialmente críticos con la actitud que tanto los medios de comunicación del Estado español como las instituciones europeas han jugado en Catalunya. «Informad bien, ¿eh?», se les repetía una y otra vez a los periodistas.

A medida que la luz fue cayendo, y de manera muy especial cuando la cabecera de la manifestación llegó al escenario, ubicado en la avenida Icària, a eso de las 18.00, los manifestantes fueron encendiendo las linternas de sus teléfonos móviles, dejando sin duda algunas de las imágenes más vistosas de toda la jornada.

Pareciera como si, con ese gesto hubieran querido mostrar el camino a casa de sus presos, iluminárselo, facilitárselo.

Como no podía ser de otra manera, los familiares y allegados de los presos fueron los principales protagonistas del acto final, en el que dieron lectura a los mensajes que los consellers y los Jordis habían enviado desde sus respectivas prisiones. Tampoco quisieron faltar Carles Puigdemont y los cuatro miembros de su Gobierno que se encuentran en Bélgica, quienes saludaron en sendos vídeos a los congregados ayer en Barcelona.

Por citar algunos de los mensajes, todos ellos muy aplaudidos por parte del público, el vicepresident Oriol Junqueras aseguró que se sienten como «cabezas de turco» empleadas por el Estado para advertir de lo que puede hacer si no se es «sumiso y obediente».

Los llamamientos a la unidad fueron una constante en mensajes como los de Joaquim Forn o Jordi Turull, leídos por sus hijas Anna y Marta.

Txell Bonet, compañera de Jordi Cuixart, hizo llegar las «sonrisas para toda Catalunya» que este le había enviado desde Soto del Real, mientras que la hija pequeña de Jordi Sànchez trasladó un claro mensaje de cara al 21-D: «A votar y a ganar».

Puigdemont, por su parte, pidió a los manifestantes seguir «muy activos» e instó a Europa a «dejar de mirar a otro lado».

Naiz/Pakito Arriaran

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