El desbarajuste de precios: 2012-2017

0
137

Desde el punto de vista convencional, la evolución de los precios suele medirse utilizando indicadores tales como el IPC –Índice de Precios al Consumidor– y el del costo de las canastas de bienes y servicios. En el caso venezolano, se usa el INPC –Índice Nacional de Precios al Consumidor–, así como también la Canasta Básica Alimentaria, la cual reúne los que, según han establecido, son los 20 productos alimenticios más consumidos por las familias venezolanas, tomando como tipo una familia promedio de entre 4 a 5 personas. Se establece una frecuencia de consumo de los productos seleccionados multiplicado por el número de personas establecidos, calculando luego su costo mensual dependiendo de los precios a los cuales se encuentren.

En condiciones normales, la Canasta Básica Alimentaria es una referencia bastante representativa del gasto de una familia promedio mensual en alimentos, y desde luego, del peso que dicho gasto tiene para su ingreso. Sin embargo, actualmente es imposible determinar esto último usando las cifras oficiales, pues como es por todos conocido, al menos desde 2015, varios de estos indicadores –incluyendo el INPC– no se publican. De tal suerte, a los investigadores lo que nos queda es especular con cifras y cálculos propios a objeto de tener una idea, así sea aproximada, de lo que está ocurriendo.

Lo que queremos decir es que quien, como nosotros, quiera saber cuál es el peso actual en su ingreso del consumo de alimentos para una familia venezolana, debe darse a la tarea de estimarlo por distintas herramientas, todas las cuales tienen la debilidad de no poder ofrecer una visión tan representativa, estadísticamente hablando, como las del INE y el BCV, pero, en cambio, tienen la virtud de ser relativamente fáciles de realizar con un poco de organización y aprovechando las ventajas logísticas que otorga el acceso a tecnologías ya hoy tan popularizadas como los teléfonos inteligentes e internet. Esto permite contar, como en nuestro caso, con un pequeño ejército ad-hoc de recopiladores de información, lo que se traduce en un seguimiento “en tiempo real” de los precios de los productos, lo que no es poca cosa, dada la velocidad a la que actualmente los mismos cambian.

Así las cosas, la información gráfica que a continuación presentamos recopila el seguimiento que hemos venido haciendo, como investigadores de los precios, de los principales productos alimenticios consumidos por los venezolanos y las venezolanas, entre los años 2012 y 2017. Tomamos como referencia el costo de la Canasta Básica Alimentaria, en razón que expresa lo que se supone es lo más esencial de lo que suele estar en las mesas de  las familias del país.

Para efectos de nuestra presentación gráfica vamos a considerar tres años (2012-2016-2017), tomando como valores el costo de la Canasta Básica Alimentaria al cierre de cada uno de esos años en el caso de los dos primeros, y del 22 de octubre del corriente para el caso del último.

Los datos de 2012 los hemos tomado directamente de la información publicada en su momento por los organismos competentes en la materia: BCV, INE, SUNDDE. En el caso de los salarios, tomamos como referencia lo que sale publicado en las gacetas oficiales para cada uno de los años revisados. Para los años 2016 y 2017, la información sobre los precios regulados la tomamos del portal web de la SUNDDE, siendo que los datos reflejados en lo que aquí llamamos “precios en anaquel”, son los que hemos levantado en el marco de nuestras investigaciones y mediante nuestros propios medios tomando como referencia los precios en locales privados formales de las parroquias La Candelaria y Altagracia del municipio Libertador, Caracas.

De nuestra parte, consideramos muy importante compartir esta información con nuestros lectores, al menos por tres razones: la primera y más obvia, porque debería ser pública. La segunda, porque permite dimensionar con mayor precisión el daño que se le ha hecho al bolsillo de los venezolanos y venezolanas en particular, durante los últimos cinco años de ataques especulativos, y por esa vía, a la economía como un todo. Y la tercera, porque pareciera que existen quienes subestiman este daño o, en todo caso, lo han naturalizado, viéndolo como una especie de fatalidad a la cual pese a que se le denuncia, debemos acostumbrarnos, pues parece irremediable.

En tal virtud, estamos conscientes de que, desde el punto de vista metodológico, como comentamos líneas atrás, el tamaño de la muestra escogida no es representativa de toda la realidad nacional. No obstante, nos parece una fotografía bastante aproximada de dicha realidad, parcial como toda fotografía, pero útil mientras estamos a la espera de que corra completa la película sobre la evolución de los precios por parte de las instancias pertinentes.

Así las cosas, pasemos a ver los cuadros haciendo brevemente algunas consideraciones y precisiones con respecto a cada uno:

desbarajuste-de-precios 1

En este primer cuadro podemos ver la variación de precios de los productos que forman la Canasta Básica Alimentaria, tomando como parámetros los años 2012-2016. En la segunda columna –“Precios”–, podemos observar los precios de los mismos para el año 2012, tanto los que corresponden a los productos regulados contenidos en la Canasta (los 12 primeros reflejados en color naranja) como los que no (los 8 restantes de color verde). Si los colocamos ambos en la misma columna, es porque para la fecha (diciembre de 2012) la variación entre los precios regulados y los observados en anaquel no existía o era poco significativa (es decir, el desacato de precio, aunque ya existente, no era un fenómeno ni masivo ni tan intenso como llegó a ser luego), siendo que en el caso de los regulados, por lo general, el precio fijado, en el marco de los Precios Justos, coincidía con los observados en anaquel.

Pero esta coincidencia ya no se observa en 2016. Para entonces, ya la diferencia entre los precios regulados y los observados en anaquel era notable, lo que es evidencia de la generalización y extensión de desacato a la regulación. Es esta la razón por la cual los precios de 2016, para el caso de los regulados, los reflejamos en dos columnas distintas: “Precios Regulados” y “Precios en Anaquel”, siendo que estos últimos corresponden a los que, más allá de la regulación, mayoritariamente encontraban los consumidores a la hora de comprar en cuanto a precios impuestos por los comerciantes unilateralmente, desacatando las providencias de la SUNDDE.

Con respecto a esto último, una cuestión que inmediatamente salta a la vista es la notable variación de los precios de los bienes regulados comparados con los no regulados. Para el primer caso, la variación es mucho mayor, siendo que el ajuste oficial de los precios regulados vía SUNDDE es significativo (1.496%), por más que luzca opacado por el 23.314% realizado unilateralmente por los comerciantes. Esto puede ser evidencia de que, como afirman sus críticos, el control de precios es causante del aumento de los precios y sin control de precios la inflación sería menor.

Sin embargo, cuando miramos un poco más en profundidad los tipos de productos que más aumentan, podemos concluir otra cosa: que aquellos productos que más aumentaron de precios –independientemente de su carácter regulado o no–, son en realidad los procesados por la gran agroindustria donde los niveles de concentración y oligopolización –causa reconocida por todas las escuelas de pensamiento económico como estimuladora de especulación de precios por abuso de posición de dominio– son ampliamente conocidos.

Esto es lo que explica, por ejemplo, que la mortadela, siendo un producto no regulado, varíe en un promedio equivalente a las pastas, el arroz, el pollo o el pan. En el caso de los siete alimentos restantes no regulados, los niveles de concentración son menores (lo que no quiere decir que no exista), y, por tanto, la posibilidad de imponer los precios especulativamente es menor, pues hay una mayor variedad y competencia. Incluso eso puede ser lo que explique por qué en el caso del café y los huevos la variación no es igual, pese a existir empresas con posición de dominio (El Tunal, por ejemplo, en el caso de los huevos). La relativa baja complejidad de su producción ha hecho posible que en últimos tiempos prolifere una oferta más variada.

Todas estas tendencias se remarcan de manera más clara en el siguiente cuadro, que hace la misma comparación pero para los años 2016-2017. Para este caso, sin embargo, hemos optado por no contemplar para 2017 la columna “Precios Regulados”, pues si bien es verdad que formalmente hablando aún existe el control de precios, las sucesivas modificaciones a la legislación (Sustitución del Precio Justo por el PMVP, por ejemplo), así como la aparición de productos importados a precios considerados “internacionales” (una consecuencia del PAC aplicado a finales de 2016), ha hecho que en la práctica y en los anaqueles ya no se encuentren productos a precios regulados.

desbarajuste de precios1En el siguiente cuadro, puede observarse la variación tomando como rango los años 2012 y 2017:

desbarajuste de precios2

No hay mucho que agregar a esta información, que no sea llamar la atención con respecto a lo que, sin duda, se trata de una variación extraordinaria que da cuenta del extraordinario desbarajuste de precios que estamos viviendo.

En la siguiente gráfica, puede observarse finalmente la evolución reflejada del precio de la Canasta Básica Alimentaria. Se ofrece además una comparación entre el precio promedio mensual de la misma para una familia promedio de cuatro personas y el ingreso promedio mensual de dicha familia. Para esta última variable, tomamos como referencia el Ingreso Mínimo Legal Familiar Mensual. Convencionalmente suele asumirse la sumatoria de dos salarios mínimos integrales (salario mínimo + bono de alimentación) para estimar el Ingreso Mínimo Legal Familiar, asumiendo que en promedio existen dos individuos asalariados por núcleo familiar. No obstante, nos parece más representativo sumar tres, dado que existe un alto número de trabajadores que perciben más de salario mínimo, bien porque sus salarios son nominales mayores o bien porque gozan de beneficios adicionales como primas, otros bonos, etc.

En cuanto al precio de la Canasta Básica Alimentaria, esta se calcula tomando como parámetro lo establecido oficialmente en cuanto a las necesidades kilo calóricas estándar mensuales de una familia de cuatro personas, multiplicadas por el precio de los productos contemplados en la misma. Nótese que para el año 2017, tomando como referencia los precios promedios observados en los anaqueles de establecimientos privados, ubicados en las parroquias La Candelaria y Altagracia de Caracas, la relación ingreso-canasta se invirtió con respecto a 2012.

desbarajuste de precios3

¿Cómo hacen las familias?

Un desbarajuste de precios semejante tiene un alto impacto sobre el ingreso familiar y, por tanto, sobre su poder adquisitivo. No tiene mucho sentido insistir en la descripción de esto pues sus efectos son bastante evidentes. Lo interesante es saber cómo han hecho las familias para sortear esta situación y aminorar su impacto, lo cual también es evidente: han contado con apoyo oficial

En tal sentido, consideramos que los principales factores atenuantes o amortiguadores del desbarajuste de precios son los siguientes:

  1. El programa CLAP, pese a que su alcance no es universal, sin duda ha contribuido para que muchas familias puedan contar con acceso a alimentos a precios muy por debajo de los observados en las calles.
  2. La resistencia del gobierno a aumentar las tarifas de los servicios públicos, lo que supone un ahorro de recursos que las familias pueden reconducir a la adquisición de bienes.
  3. Los recurrentes aumentos salariales, lo que si bien no soluciona el problema de fondo y suelen ser disparadores de la especulación, evita que la contracción del consumo familiar sea tan dramática como la observada en otros momentos de nuestra historia reciente, como 1989-1990 y 1996-1998.
  4. Ferias de consumo solidarias planificadas regional o nacionalmente por entes públicos y/o comunidades organizadas.
  5. Recurrencia a la generación de ingresos adicionales, lo que va desde realizar trabajos complementarios hasta la proliferación de juegos de envite y azar (por ejemplo: la popularidad alcanzada por los célebres “animalitos”).
  6. Uso cada vez más recurrente del endeudamiento para cubrir gastos corrientes (comida, servicios), estacionales (matrícula y gastos generales de escolaridad) y no solo eventuales o accidentales, como suele ser lo usual. A este respecto, pese a la baja morosidad, no debería perderse de vista la variable endeudamiento familiar dentro del sistema bancario, pues más allá de los riesgos sistémicos que implica, supone otro mecanismo de expropiación rentística del ingreso familiar y salarial.
  7. Consumo acelerado y acumulativo de productos por parte de aquellas familias o personas que generan mayores ingresos, recurso utilizado para “adelantarse” a los nuevos precios dada la frecuencia de aumento, prácticamente diaria, de los mismos.
  8. Contracción del consumo evidenciado por una menor cantidad de adquisición de los productos o su sustitución por otros. Esto no solo supone que las familias compren menos cantidades, sino que incluso se han disminuido los tamaños de las presentaciones de muchos productos. Por ejemplo, en el caso del café, las presentaciones ahora más comunes son la de medio y un cuarto de kilo, siendo que muy extraordinariamente se consigue la de kilo, que hace un par de años atrás era la más común. A nivel de economía informal se ha dispuesto toda una generalización de venta “al granel” o “al detal” no solo de alimentos, sino inclusive de otros productos como pañales, toallas sanitarias, papel de baño y hasta aceite para motor. En casos como el azúcar, el café, la leche en polvo o el aceite vegetal comestible, se venden en bolsas o envases de dudosa cualidad sanitaria que más o menos se corresponden con una toma diaria de los mismos.
  9. Contracción del consumo en otros rubros a los cuales pasa a considerarse suntuarios o no esenciales. Esto –no está de más decir– tiene un alto impacto contractivo en sectores de la economía como turismo, recreación, textil y calzado, etc.

Luis Salas Rodríguez y Patricia Zambrano/15yÚltimo

Comentarios

SIN COMENTARIOS