Mujeres cayendo

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Kelly Reemtsen

Un día, cuando tenía once años, estaba sola en mi casa que se alzaba sobre un cerro de Petare. Debía limpiar las ventanas de la sala. Eran las diez de la mañana. Cuando iba a pasar el trapo húmedo de vinagre sobre el vidrio escuché un grito que venía del otro cerro en frente, lejano y perfectamente visible desde mi casa. Un hombre cargaba a una mujer entre sus brazos. Pensé que jugaban, ella pataleaba, intentaba soltarse. Él la acercó al borde del balcón. Abrió sus brazos. La dejó caer. Ella no gritó más. No salió nadie a esa hora limpia del día. Yo estaba sola, estaba lejos, estaba niña. Él salió de la casa. Unos minutos después otra mujer gritó y salió a la calle. Llegó la policía.

Yo vi a una mujer caer. Una mujer me cayó sobre la garganta. Desde ese día no han dejado de ser lanzadas al vacío, asesinadas por el machismo. Hace un año Maholi Mota fue lanzada desde un penthouse en Colegio de Ingenieros por el “amigo” que le ofreció hospedaje en su casa para que estuviera “segura” porque era tarde. Este año Sheila Silva, militante de base, fue lanzada desde el piso 11 por su compañero, quien trabajaba en el Ministerio de la Mujer…

¿Qué tuvimos entonces y qué tenemos ahora? A nosotras para sostenernos, para estar al fondo del precipicio con las gargantas alzadas, empujando con el aliento un aire que devuelva a nuestras hermanas a lo más alto del día. Nombrando, luchando, exigiendo, gritando siempre

#NIUNAMENOS

Kathe Castrillo

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