Estabilizamos el poder político: ¿qué sigue ahora?

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El domingo se garantizó el poder político, se demostró la correlación de fuerzas entre los dos bloques históricos en pugna, se salió del asedio político al que estábamos enfrentados a mitad de año. No significa que la batalla haya terminado, al contrario, volverán los ataques por otros flancos, en particular el internacional, como ya lo indican los pronunciamientos y acciones de los Estados Unidos, la Unión Europea, Luis Almagro, Juan Manuel Santos, entre otros.

Esa relativa estabilidad significa en política que tenemos posibilidad de salir de la resistencia y avanzar en una ofensiva central: la rectificación y profundización democrática de la revolución. Esto puede plantearse en tres aspectos centrales:

1. La economía: debemos abordar el problema de la deuda externa, tanto desde los avances que se han producido en negociaciones con Rusia, cómo con la necesidad de evaluar cómo y cuánto pagar: ¿seguiremos pagando religiosamente aun teniendo una menor cantidad de divisas producto de las sanciones de los Estados Unidos que buscan llevarnos al default?

En segundo lugar, debemos evaluar la posibilidad de impulsar una revolución fiscal. Ante las dificultades económicas debemos rever quiénes pagan la centralidad de la crisis: ¿la gente de a pie o los bancos y las grandes fortunas? ¿Por qué no buscar en estos últimos, parte del dinero necesario para importar y producir? Necesitamos equilibrar políticamente los costos de la crisis, y eso, en lo económico, tendría un efecto concreto: si el Estado recauda más dinero se podrá cubrir parte del déficit fiscal con dinero orgánico, y aportar a bajar la inflación que es, en la actualidad, uno de los principales problemas de nuestro pueblo.

2. Es necesario expandir la democracia revolucionaria, y eso pasa centralmente por la municipalización del poder popular mediante una ley constituyente. Esa es tarea de la Asamblea Nacional Constituyente, que debe a su vez articularse con los debates de la gente en las comunidades, los territorios organizados, para no ser un ente de puertas cerradas sino una institucionalidad revolucionaria como se plantea y hemos sostenido que debe ser.

A su vez es necesario que, desde las gobernaciones chavistas, se trabaje en esta dirección: la de gobernar con la gente, apostar al empoderamiento popular y no el empoderamiento burocrático. Es un asunto de visión política estratégica, de voluntad, de entender que la revolución no es el Estado, el gobernador, sino que es el crecimiento del poder de la gente, su capacidad de autogobierno, autogestión. Las gobernaciones deben dejar de ver a las comunas y las diferentes formas de organización popular como una amenaza, y concebirlas como imprescindibles para construir el proyecto revolucionario. ¿Por qué eso queremos construir, o no?

3. Debemos ampliar y profundizar la lucha contra la corrupción. Acompañar el llamado del presidente Nicolás Maduro, el trabajo del Fiscal General, incorporar a los fiscales populares articulados con el poder ejecutivo, hacer de esa batalla una lucha patriótica, de todos y todas. Si no logramos combatir la corrupción entonces difícilmente podremos estabilizar la economía, y si no estabilizamos la economía perderemos fuerza moral, apoyo, hegemonía, mayorías.

Con el poder político estabilizado, 54% de los votos, 18 gobernaciones, es la hora de avanzar, de resolver problemas urgentes, rectificar, profundizar, buscar las formas de hacer de la revolución una revolución.

Coordinación Nacional de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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