Aproximación al horizonte venezolano después del 15-0/ Eduardo Viloria Daboín

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I

Si algo quedó demostrado este 15 de octubre con las elecciones regionales, además del respaldo popular con el cual continúa contando el gobierno bolivariano, es que la cultura electoral del pueblo venezolano es sólida y profunda, lo cual da una firmeza enorme a nuestro régimen democrático. Que en las actuales condiciones socioeconómicas de Venezuela haya participado en las elecciones el 61% del padrón electoral es un dato central para cualquier análisis. Y lo es, además, porque la campaña psicológica para socavar la confianza del pueblo en las instituciones democráticas, principalmente en el poder electoral, a pesar de haber sido de enormes proporciones y sostenida durante más de una década, no ha logrado su efecto.

Aunque la dirigencia de la oposición y distintas vocerías del poder político mundial insistan en desconocer la autoridad del CNE (cuando les son desfavorables los resultados anunciados por éste), la gente, chavista y opositora, asiste a las urnas electorales con confianza y forma parte de los distintos procesos públicos de verificación y auditoría ciudadana que se dan el mismo día de las votaciones. Y lo que es más importante: la gente, en su enorme mayoría, reconoce los resultados y los acepta, cualesquiera que sean.

La dirigencia opositora, en su extravío entreguista, no parece darse cuenta de esto y continúa transitando el discurso de la ausencia de democracia en Venezuela, negando, con ello, no sólo al chavismo que continúa votando en respaldo al gobierno bolivariano, sino también a su propia base social, que rechaza este discurso y no está dispuesta, de hecho, a nuevas aventuras insurreccionales. Entrampados en un discurso insostenible, contradictorio e irrespetuoso con su gente, se alejan cada vez más de la política. El comunicado de la MUD del lunes 16 de octubre es sintomático:

“El día de ayer se materializó un proceso electoral fraudulento sin precedentes en nuestra historia. Como Mesa de la Unidad Democrática asumimos la responsabilidad de desconocer los resultados, profundizar la lucha para que se respete la voluntad del pueblo expresada el 15-O y cambiar este corrupto sistema electoral para lograr el cambio de régimen y la vuelta a la democracia (…) A pesar de ello, asistimos a este proceso con la firme convicción que al régimen también debíamos enfrentarlo en este terreno para lograr o bien continuar la conquista de nuevos espacios para continuar la lucha democrática, o  por el contrario mayor deslegitimación nacional e internacional de la dictadura como consecuencia de un proceso electoral amañado”.

Su insistencia en esta línea sólo significa una cosa: continúan apostando a la solución de la disputa política venezolana por vías distintas a las democrático-electorales, al quiebre de la institucionalidad venezolana para favorecer el relato del Estado fallido, a la injerencia extranjera como fuerza concreta que les permita inclinar la balanza a su favor, habida cuenta de su incapacidad para conectar con las mayorías populares y capitalizar el descontento social que, de hecho, campea en el país.

II

El portavoz oficial de EEUU no dejó lugar a dudas sobre la posición de su gobierno ante la victoria electoral del chavismo el pasado 15 de octubre. Después de llamar dictadura al gobierno del presidente Maduro, afirmó: “impondremos todo el peso del poder económico y diplomático estadounidense”. Canadá, por su parte, a través de su cancillería, hizo lo propio, al afirmar que espera “resultados creíbles” por parte del CNE, la Unión Europea señaló que continúa trabajando para aplicar sanciones a Venezuela, el presidente colombiano Juan Manuel Santos, como principal vocero de EEUU entre los gobiernos de Suramérica, señaló la necesidad de elecciones generales en el país con veeduría extranjera y CNE independiente, y Luis Almagro continúa con su campaña, pidiendo ahora la conformación de un gobierno venezolano en el exilio.

El panorama está claro. El pueblo venezolano será castigado por los poderes políticos y económicos mundiales por mantenerse empecinado en defender su soberanía y su independencia; por mantenerse apegado al proyecto histórico de liberación encarnado por el chavismo y por el gobierno bolivariano y por su lealtad aún en medio de las contradicciones internas, del burocratismo, de la corrupción y de la errática respuesta del gobierno para avanzar en la solución de la crisis económica.

El poder político y económico de EEUU y sus aliados sabe del profundo arraigo del proyecto político chavista en las bases profundas del pueblo venezolano, sabe del calado hondo del patriotismo popular venezolano, sabe que la mayoría de los venezolanos y venezolanas aspira a una superación de la crisis económica, social y política dentro de los marcos de la democracia participativa y protagónica, y dentro de los códigos del chavismo, y sabe que la dirigencia política local no tiene capacidad (ni vocación) para conectarse con la base del pueblo y acumular fuerza con base en la capitalización del descontento popular.

En su determinación de derrocar la revolución bolivariana y acabar con su ejemplo histórico de construcción de un horizonte postcapitalista, los poderes del capitalismo mundial saben esto y apuestan a la única opción posible para aumentar el descontento social en procura de que éste termine por concretarse en una correlación de fuerza popular desfavorable al gobierno: la asfixia económica.

III

Además de la consolidación y fortalecimiento de las alianzas internacionales (políticas y económicas) que puedan ayudar a contrarrestar la agresión imperialista en el marco de la disputa geopolítica mundial, está claro que sólo una férrea unidad popular patriótica podrá hacer frente con éxito al recrudecimiento de los ataques de los cuales el país será objeto luego de las elecciones de 15 de octubre.

Para mantener esta unidad, profundizarla y fortalecerla, es imperioso que desde la dirigencia política y burocrática del gobierno se entienda definitivamente que la lealtad del pueblo bolivariano demostrada el 15 de octubre no se debe sólo al éxito concreto de una campaña electoral, a los efectos coyunturales de un marketing político eficaz y al control institucional que el partido pueda tener del voto por la vía del clientelismo, institucionalizado y perfeccionado hoy día a través del carnet de la patria.

En el horizonte político del pueblo venezolano está la construcción y profundización de la democracia revolucionaria, expresada en el proceso de construcción comunal y del poder popular. Debe abrirse cauce definitivamente a que la aspiración del pueblo venezolano de conducir efectivamente su destino tenga instrumentos concretos, efectivos y superiores de poder que puedan contrarrestar las fuerzas que desde el interior mismo del Estado y del gobierno han impedido hasta ahora esta irrupción. Esto no requiere sino de voluntad política de la dirección de la revolución, porque la gente está allí, construyendo y dispuesta a avanzar.

Para alcanzar las metas productivas y de control de la economía que el país necesitará para afrontar la asfixia económica a que nos piensa someter el poder imperialista, es impostergable avanzar en la democratización del aparato económico del país y en el ascenso del pueblo organizado, en todos los sectores productivos y en todos sus niveles, a los espacios de decisión, planificación y ejecución de las políticas de importación y distribución de insumos, de asignación y control de divisas, y que se eleve el control Estatal y social de todas las fases de la cadena productiva, desde la producción hasta el consumo. Toda la fuerza del país debe volcarse en esta dirección. Y es urgente que se superen la improvisación, el inmediatismo y la ambigüedad en materia económica para poder avanzar en una seria y sólida recuperación económica.

IV

La dirección político-militar de la revolución ha demostrado una enorme capacidad para sostener el poder político y defender al país de la agresión internacional. Pero es necesario que esta meta se desarrolle en mayor sintonía con los objetivos estratégicos del proyecto chavista.

La tarea que tenemos por delante para enfrentar el escenario que se desprende de la victoria popular del domingo 15 de octubre requiere de una alta convicción del país todo, de un entusiasmo colectivo y de una determinación y fuerza moral nacional para cuya consolidación debe haber una profunda transformación en la dirigencia política e institucional del gobierno bolivariano: ésta debe despojarse de privilegios económicos, debe acercarse a la gente y acompañarla en su lucha cotidiana, debe escuchar con humildad las críticas, denuncias y propuestas que vienen de la gente, debe abandonar la retórica hueca y acompañar el discurso con una práctica coherente y consecuente.

Y es impostergable una guerra total y sin cuartel contra la corrupción que permita establecer el imperio de un código ético en el funcionamiento Estatal y derrotar la forma como la corrupción afecta e impregna el funcionamiento de toda la sociedad. Esto es central para acrecentar la fuerza que requerimos hoy día como pueblo.

El pueblo no tiene nada qué demostrar: allí está, resistiendo, de pie, en lucha y con la lealtad intacta. Le toca a la dirigencia toda, comenzando por los gobernadores y gobernadoras recién electos(as), responder con la misma moneda.

Eduardo Viloria Daboín

 

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