Reconciliar los principios estratégicos con la acción táctica. Entrevista a Antonio González Plessman.

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El sociólogo Antonio González Plessman es militante de la lucha por los derechos humanos, e integrante del Colectivo Surgentes, que acompaña en la parroquia San Agustín del Sur un importante proceso de construcción de participación, organización y poder popular. En el marco de la actual coyuntura político electoral, González Plessman conversó con la Prensa de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora sobre al actual panorama desde un análisis de las fuerzas en disputa.

A poco más de dos meses de haber sido derrotada la estrategia insurreccional de la oposición, ¿qué importancia crees que tienen las elecciones del 15-O?

El conflicto político venezolano ha tenido en los procesos electorales, uno de sus lugares privilegiados. La revolución le dio un nuevo significado a las elecciones. Ya no se trató más nuca solo de votar por unos representantes y volver a la pasividad; sino de unas luchas concretas que estamos protagonizando todos los días, en distintos espacios (el barrio, la institución, el campo, la calle, la economía, la cultura, los medios, etc.) y cuando vienen las elecciones es el momento de decir, de manera nacional, que queremos ratificar esas luchas y procesos y que vamos por más. El 15-O es un momento de validación, no de los candidatos concretos del PSUV y otros sectores de la izquierda, sino de la magnitud de la disposición del pueblo para seguir apostando por una opción que, con todas sus tensiones internas, contradicciones e incluso miserias, constituye una alternativa al neoliberalismo y al gobierno de la derecha. Es una opción electoral que, más que ofrecer certezas, ofrece posibilidades. Como decíamos en un encuentro en San Agustín del Sur (Caracas) hace un par de meses: las Revoluciones no se hacen “desde arriba”, pero es importante tener aliados y no enemigos en el Estado, para disputar, también ahí, el poder y la riqueza a favor de las mayorías. En este sentido, creo que es importante que logremos una importante participación popular en estas elecciones, sobre todo, además, en el actual contexto en el que EEUU ha asumido frontalmente el ataque contra Venezuela.

Aunque están muy cerca una de la otra, los escenarios son muy distintos. ¿Qué diferencias hay entre las elecciones del 15-O y las elecciones a la ANC? ¿Qué fuerzas están en juego y determinan el escenario?

En las elecciones de la ANC la oposición decidió no jugar y dejó solo al chavismo. La pelea del chavismo fue entonces contra sí mismo. Lograr una alta participación era la meta, lo que parecía difícil tomando en cuenta que la propuesta de la ANC no había prendido. Todo parece indicar que un factor relevante de la relativamente alta participación en esas elecciones, más que el entusiasmo constituyente, fue el voto castigo a la violencia opositora. Las fuerzas sociales de la oposición quedaron frustradas. En parte porque el gobierno logró imponer su propuesta de la ANC con un respaldo importante, sin que sirvieran de nada sus meses de movilizaciones, tanto pacíficas como insurreccionales; y, en parte, porque están convencidos de que el CNE les hizo trampa y les volverá a hacer trampa en las próximas elecciones (regionales, municipales y presidenciales). Así que al 15-O la oposición llega luego de una inmediata derrota táctica, con divisiones internas y una parte de sus bases cuestionando a sus líderes y desconfiados del CNE. Pero el gobierno no es que llega en buenas condiciones. La gente percibe que ha sido cuando menos ineficaz para enfrentar la crisis/guerra económica, que castiga dramáticamente a las mayorías, y tiene poca confianza en las élites dirigentes. Una parte del pueblo chavista se ha desmarcado del gobierno, se ha despolitizado y podría no solo abstenerse sino también votar en contra. Pero existe un voto chavista duro, que es un voto ideológico y de compromiso estratégico. No se basa en el carisma de la dirigencia, ni en una evaluación positiva de su gestión, sino en una apuesta por el chavismo, por la continuidad de un gobierno de vocación popular y un rechazo al gobierno de los ricos. Son, pues, unas elecciones desapasionadas, con ambas fuerzas debilitadas y sus liderazgos debilitados; pero en la que, al igual que todas las anteriores, nos jugamos la continuidad del proceso. Creo que hay dos factores clave que definirán el resultado del 15-O: 1. La abstención de ellos y, 2. El voto castigo chavista al gobierno.

Después de cuatro meses de violencia opositora, el chavismo salió fortalecido y la derecha debilitada, ¿cómo ves esa correlación de fuerzas de cara a las elecciones del 15-O?

La crisis política de este año se zanjó con una victoria táctica para el Gobierno, pero considero incorrecto señalar que salió fortalecido. Sacó la nariz del agua y se mantiene respirando, pero no fuerte. No logra que la ANC se muestre útil para mejorar la vida de la gente; sigue sin adoptar medidas económicas con un mínimo de impacto; la concentración absoluta en la sobrevivencia política y en el control del Estado lo hace abandonar la gestión, con lo cual se percibe un deterioro en distintos ámbitos de la vida colectiva e institucional; tiene un escenario político y económico internacional radicalmente adverso y, lo que es peor, el modo en que el gobierno decidió ganar elecciones es profundamente despolitizador y contrario al proyecto de la Revolución: normaliza el clientelismo y, en algunos casos, recurre a la extorsión de su base de apoyo sobre la base de los mal llamados “beneficios”. Entre tanto, el proyecto del poder popular territorial que, como decía Chávez en el Plan de la Patria, es una “condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI”, está totalmente relegado de las prioridades institucionales. El CLAP, que es una estructura no electa, sustituyó a los Consejos Comunales, que son el espacio natural de la democracia socialista. Las Comunas existen por la voluntad de comuneros y comuneras, militantes revolucionarios, muchas veces en confrontación con una burocracia que pareciera adversarlas. Así que no creo que el gobierno esté fortalecido. Una parte de la élite dirigente del chavismo se convenció de que salvar a la Revolución es salvarlos a ellos en el gobierno y asume prácticas envilecidas, que lejos de fortalecer al chavismo nos quitan fuerza moral, convierten a nuestra gente en clientes y no en protagonistas y despolitizan. No hay duda de que debemos ganar elecciones, pero no a costa de perdernos en esa ganancia.
La situación actual es de un empate entre dos fuerzas muy debilitadas. La oposición no puede sacar al chavismo del gobierno antes de las presidenciales y el chavismo no logra anular la visibilidad de una oposición que lo obliga a la defensa permanente. Entre tanto, las mayorías migran a la despolitización y el hastío, y se concentran en la sobrevivencia. Nuestro reto es politizar y darle materialidad a esa politización: mejorar las condiciones materiales de existencia a través de procesos de organización, politización y movilización. Solo desde ahí podemos reinventarnos como opción, no solo de resistencia, sino de construcción de horizontes postcapitalistas.

A pesar del continuo desmejoramiento de la relaidad económica y social, y de la errática gestión del gobierno, éste aún mantiene un importante apoyo popular chavista. ¿Qué crees que explica esto?

Yo creo que el voto duro chavista tiene dos fuentes. Una para sentirse orgulloso, y otra para avergonzarse. La primera, la mencionaba antes: existe un voto ideológico, de compromiso estratégico que trasciende a los líderes y a la gestión y supone conciencia de clase. Más que electores, se trata de un sujeto político que es la esencia de este proceso, que se encuentra haciendo Revolución en sus espacios de militancia, con o sin apoyo estatal. Pero existe, también, un voto clientelar, estimulado por los sectores más conservadores de la dirigencia, conformado por sectores que temen perder eso que son derechos pero la burocracia normalizó en el lenguaje como “beneficios”, en la más clásica práctica adeca. Ese sector, menos politizado, puede, perfectamente, cambiar de bando, puesto que los han (mal)tratado y construido como clientes y no como protagonistas de una política emancipadora.
En cualquier caso, más allá de los apoyos electorales, que siempre serán provisorios, la izquierda chavista venezolana tiene un núcleo muy duro de militantes que garantizan la continuidad del proceso político, con o sin control del Estado.

El gobierno no logra satisfacer las expectativas económicas, sociales y políticas/revolucionarias del pueblo venezolano, ¿hacia dónde debería apuntar una reorientación de la acción de gobierno en función de materializar esas expectativas?

Hay que reconciliar los principios estratégicos del proyecto Revolucionario con la acción táctica. Las decisiones económicas deben ser conversadas con el pueblo, explicadas, debatidas: desde por qué pagar o no pagar la deuda, hasta por qué hay que negociar o no con una burguesía que quiere tumbarnos o por qué damos dólares baratos en vez de comprar directamente en el mercado internacional. Está claro que no hay decisiones económicas fáciles en esta coyuntura, pero no deben ser asuntos de expertos, sino de todos(as). Debemos sentir que hay una coherencia que merece ser defendida, y de la que somos parte, y no una permanente improvisación desde el gobierno. Por otra, la economía social, comunal, alternativa, debe verse reflejada en las políticas. No se trata solo de sobrevivir, sino de hacerlo de una manera que nos permita aprender de lo vivido y acumular poder y experiencia. Hace falta reconvocar a una movilización politizada, no clientelar ni instrumental. Eso pasa por relanzar los consejos comunales y las comunas e impulsar desde ahí mecanismos cooperativos para enfrentar la crisis. Y hay que hacer balance de por qué estamos viviendo esta crisis. No solo mirando las razones externas, como la guerra económica y la conspiración, que son reales y poderosas; sino también mirando nuestras miserias y vicios. Porque lo que no se hace visible no se cambia y sigue dañándonos silenciosamente.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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