Solidaridad desde Argentina ante la batalla electoral del domingo

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La organización Patria Grande, de Argentina, parte de los Movimientos del Alba, articulación continental de la cual forma parte la CRBZ, analiza el contexto de la lucha en Venezuela: Asamblea Nacional Constituyente, violencia, imperialismo, contexto regional, y la necesidad de ganar las elecciones este domingo.

En Venezuela, donde dicen que hay una dictadura, el pueblo va a elecciones por segunda vez en el año. El 30 de julio, hace apenas dos meses, más de 8 millones de personas votaron para formar la Asamblea Constituyente, que está funcionando desde agosto. El 15 de octubre se vota para elegir gobernadores en los 23 estados del país. Un pueblo que lucha por la soberanía, ante los ataques del imperio más grande de la historia.

Lo que está en juego

Estados Unidos quiere recuperar el control sobre las inmensas riquezas energéticas que posee Venezuela, volviendo a la situación colonial de la que disfrutó durante todo el siglo XX. En esa época, unas pocas familias eran multimillonarias, mientras la enorme mayoría del pueblo sufría la miseria. Contra esa situación se levantaron miles de personas en febrero de 1989, dando lugar al Caracazo e hiriendo de muerte al bipartidismo liberal. Pocos años después emergió Hugo Chávez, en una frustrada insurrección cívico militar que lo llevó a la cárcel y luego, la mayoría de la población lo eligió presidente, contra todo el decadente sistema político al que derrotó una y otra vez.

A partir de allí empezaría el hostigamiento externo, que se desarrolló durante las últimas dos décadas, como prueban los cables de la embajada de USA en Venezuela. Potencias que se llenan la boca hablando de democracia, como Estados Unidos o el Reino de España, fueron las primeras en alentar y reconocer el golpe de Estado de abril de 2002 –luego revertido por el pueblo-, así como todos los episodios de la guerra de amplio espectro que se lleva adelante en Venezuela. Este asedio político, económico, mediático y militar cobró un nuevo impulso tras la muerte del Comandante Hugo Chávez, en marzo de 2013.

Además de un objetivo económico, la derrota del proyecto soberano en Venezuela alcanza ya una dimensión simbólica importante para USA, similar a lo que significa Cuba tras largas décadas de bloqueo y enfrentamiento. Se trata de desterrar la idea de una alternativa al capitalismo, construyendo un imaginario de inviabilidad de cualquier proyecto que se proponga superar este sistema o que se proponga algún nivel de soberanía respecto a los intereses de las grandes empresas trasnacionales y los Estados de las potencias centrales. En este sentido, el proyecto de Chávez, encabezado hoy por Nicolás Maduro, y la decisión de amplios sectores populares de asumir la democracia participativa y protagónica implican un “mal ejemplo” que podría ser tomado por otros pueblos, en particular quienes están sometidos a las políticas de ajuste neoliberal que atraviesan todo el continente.

De la violencia a la Constituyente y de la Constituyente a la elecciones regionales

En el contexto de un enfrentamiento que hunde sus raíces en la historia de la lucha por la independencia, agudizado por el camino de soberanía reiniciado por Chávez, desde la elección de Nicolás Maduro como presidente se ha desatado una política dirigida a la desestabilización interna y a la preparación de las condiciones para la intervención. Con este fin se han organizado grupos de activistas que tienen la tarea de impulsar diferentes tipos de acciones violentas, desde graves disturbios callejeros hasta asesinatos de dirigentes, militantes y simpatizantes chavistas. En paralelo, se ha producido un estrangulamiento de la economía a partir de un masivo proceso de acaparamiento para especulación y contrabando, al cual desde hace algún tiempo se le suman sanciones unilaterales del policía del mundo, los Estados Unidos de Norteamérica.

La violencia se localizó en las zonas más ricas, en 16 de los 335 municipios. Su objetivo fue (y sigue siendo) derrocar al presidente, que tiene mandato constitucional hasta 2019. Con ese fin, tanto en Venezuela como en todo el mundo se desató una intensa campaña de agresión contra Venezuela.

Esta violencia mediática contra Venezuela se sustentó, entre abril y el 30 de julio, en una violencia material y simbólica efectiva, ejercida por pequeños grupos de activistas armados con morteros, bombas incendiarias y armas de fuego, además de equipamiento para el combate callejero.

Estos lideraron las protestas en el terreno: incendiaron transportes y edificios públicos, atacaron a las fuerzas de seguridad, asediaron cuarteles militares con morteros y llegaron a incursionar en ataques de francotiradores, que causaron la muerte de varias personas. Ese contexto de violencia social llegó al extremo de que varias personas fueron asesinadas con el método de prenderlas fuego. El motivo: ser o parecer chavistas, porque la mayoría de ellas eran morenas.

En este cuadro, y en el marco de una intensa campaña para instalar la situación venezolana como “dictadura”, el presidente Nicolás Maduro llamó el 1° de mayo pasado a discutir las diferencias que existen en la sociedad venezolana de modo institucional, confrontando proyectos en una Asamblea Nacional Constituyente. En cambio, la oposición lanzó una campaña de boicot activo a las elecciones, que incluyó el llamado a un paro general y a una “toma de Venezuela”, medidas que promovieron la radicalización de la violencia pero que no funcionaron porque la propia situación de violencia les hizo perder masividad.

Fue así que el 30 de julio, a pesar de los intentos de amedrentamiento de bandas armadas, más de 8 millones de venezolanas y venezolanos ejercieron su derecho al voto para la Asamblea Nacional Constituyente. Asediadas paramilitarmente por la oposición “pacífica”, algunas poblaciones debieron cruzar ríos o desplazarse a otras zonas de sus ciudades para participar. A partir de ese momento, el nivel de violencia que se mantenía desde abril cayó abruptamente hasta desaparecer.

En lugar de condenar los ataques armados, la diplomacia de los países occidentales los legitimó, en sintonía con los medios privados internacionales con mayor alcance. El 31 de julio, la mayoría de estos tuvieron el descaro de utilizar en sus portadas una foto donde los “pacíficos opositores” atacaban con una bomba a las fuerzas de seguridad, sin describir el hecho ni el contexto y por el contrario, echando la culpa al “régimen de Maduro” de los hechos de violencia.

Pocos días después, en una jugada desesperada, también apostaron al intento de toma paramilitar de un cuartel en la ciudad de Valencia, que fue sobredimensionado y rápidamente ocultado bajo la alfombra, al igual que todos los fracasos anteriores. Estos son sólo algunos de los más conocidos intentos por violentar la Constitución venezolana, bajo el hipócrita argumento de “luchar por la democracia y la libertad” del pueblo venezolano.

Pero gracias al heroísmo de millones de venezolanas y venezolanos, la Asamblea Nacional Constituyente se votó, se instaló y hoy está funcionando. Una de sus primeras medidas fue la de solicitar la realización de elecciones de gobernadores en octubre. Así es que las violentas protestas de los primeros cuatro meses del año se han encausado –mayoritariamente- en los mecanismos institucionales, aunque la estrategia de la oposición sea jugar en todos los terrenos, incluso los ilegales.

El 15 de octubre se realizarán elecciones de gobernadores, con participación de la mayor parte del variado arco de oposición, entre ellos los partidos Acción Democrática, Primero Justicia, Avanzada Progresista y Voluntad Popular, el partido liderado por Leopoldo López. Otro sector, activo en redes sociales aunque con diverso grado de organización, respalda la opción de derecha más radical que plantean María Corina Machado (Vente Venezuela) y Antonio Ledezma (Alianza Bravo Pueblo), Recientemente, este último sector se está reorganizando en torno a un nuevo nucleamiento llamado “Soy Venezuela”, que ya contó en pocos días con la correspondiente propaganda a cargo del secretario general de la OEA, Luis Almagro, entre otros actores de la derecha internacional.

Ambos sectores de la oposición venezolana tienen en común que han participado de todos los intentos por derrocar violentamente al gobierno, simplemente no se ponen de acuerdo ahora en cuál es el camino más efectivo para hacerlo. Por eso, mientras la mayor parte de la MUD se presenta a elecciones, se niega a reconocer a la Asamblea Nacional Constituyente. Para ellos, el voto de la población el 31 de julio no existe. Tampoco existen las o los chavistas para los medios privados internacionales. En la batalla mediática, el primer desaparecido es el pueblo: de él no se pueden encontrar fotografías o declaraciones, salvo que se manifieste contra el gobierno y ahí sí, todas las coberturas posibles, incluyendo legitimarlo si está ejerciendo la violencia.

El escenario internacional

A medida que la situación en el país tendía a calmarse, en el frente internacional sucedía todo lo contrario. Hace pocas semanas, la administración Donald Trump aprovechó la Asamblea General de la ONU en Nueva York para amenazar nuevamente a Venezuela, luego de reunirse con autoridades de Colombia, Panamá y Argentina para darles la orden de mantener y acrecentar la presión. Al mismo tiempo, desde la secretaría general de la OEA el ex progresista Luis Almagro continúa operando para que la condena a Venezuela se mantenga todo el tiempo que sea posible, al menos mediáticamente. En un extremo, apuestan a generar un “gobierno en el exilio” al estilo de la táctica empleada en Libia, previo a la invasión. El principal obstáculo para todos los intentos golpistas, hasta el momento, ha sido el pueblo organizado y la preeminencia de sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que no están dispuestos a venderse a los Estados Unidos.

“Algo ha quedado claro en estas semanas: la batalla es contra el imperialismo norteamericano. La derecha venezolana es un peón desorientado, en crisis, sin liderazgo popular, dependiente de lo que le dicte el imperialismo”, escribió la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora en un comunicado reciente, luego de la Asamblea de la ONU. “Ya nadie puede dudar de que nos enfrentamos a la maquinaria norteamericana, política, económica, y militar. Tampoco que conspira unida con gobiernos subordinados de la región: Colombia, Panamá, Brasil, Argentina, entre otros, en un intento de cerco sobre el país, un acuerdo para atacar cada vez con menos máscaras. Ante eso nuestra posición se reafirma: defensa unitaria y patriótica de la revolución. Que nadie se equivoque, estamos dispuestos a defendernos en todos los terrenos, a producir la comida necesaria, a dar la batalla comunicacional y diplomática, a resguardar nuestros territorios”.

Desde el Movimiento Popular Patria Grande estamos conscientes de la importancia de este momento político que vivimos como pueblos de Nuestra América. El imperialismo norteamericano intenta aprovechar este momento de ofensiva, en el que ha logrado ganar gobiernos, para derrotar al conjunto de los pueblos del continente, en un intento más por eliminar el proyecto histórico de la unión y la integración de América Latina y el Caribe.

Ante esta situación, los movimientos populares respondemos con más unidad y más determinación en la defensa de la República Bolivariana de Venezuela, porque defender este proceso revolucionario es defender nuestro derecho a la soberanía sobre nuestros territorios, sin tutelas de potencias extranjeras, haciendo realidad la aspiración de una Patria libre, justa e independiente.

Por tal razón, hacemos parte de la campaña “Todos somos Venezuela” y desde la Articulación de Movimientos hacia el ALBA impulsamos iniciativas de solidaridad con el pueblo venezolano y con todos los pueblos del mundo que luchan por su autodeterminación.

Patria Grande

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