Alba Movimientos: a 50 años del asesinato del Che, su pensamiento y acción marcan el camino en la lucha continental

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Este 9 de octubre se conmemoran 50 años del asesinato del Ché en La Higuera, Bolivia, de aquel acto desesperado de la CIA y el imperialismo yanqui por acallar no sólo el naciente proceso rebelde y guerrilla en la nación andina, sino a su principal líder ya con vasta experiencia y fuerza evolucionaria.

Pretendían con la muerte física sepultar el ejemplo, como si fuera posible matar las ideas y mucho menos las de un Ernesto Guevara de Serna que ya no le pertenecía a su Argentina natal, tampoco a la Cuba que le adoptó, pues era y sigue siendo un ciudadano universal comprometido con las causas nobles y las justas luchas de los pueblos en los cinco continentes; cuya semilla ya estaba sembrada, y se fertilizaba y crecía en robusto árbol de solidaridad, internacionalismo y lucha por el hombre y mujer nuevos/as, por la nueva sociedad socialista.

A 50 años de su muerte, lejos de caer en el olvido, el Ché es ejemplo, actualidad y referente de revolucionario, que sigue alimentando, y tiene mucho que decir a los pueblos, a las organizaciones y movimientos, a los partidos, a los gobiernos… de cómo debe lucharse y cuál es el modelo de sociedad a construir para aniquilar al capitalismo y al imperialismo.

El Ché es mucho más que el guerrillero, más que ejemplo personal es, sobre todo, un pensador que leyó críticamente a los clásicos filosóficos, vivió y aprendió de la práctica de su época, y nos dejó un legado que es preciso conocer para encausar nuestras luchas actuales.

Como reconociera el destacado intelectual cubano, Fernández Martínez Heredia (fallecido recientemente), el Ché es el máximo pensador teórico de la posición dirigida por Fidel, y de la corriente socialista, y lo considera como un “radical” dentro del pensamiento Socialista “que es preciso heredar”.

La ética revolucionaria del Ché igual nos sigue convocando en el deber ser en la actualidad. Su constante combate a la burocracia, el enfrentamiento a las jerarquías tradicionales, y las distinciones privilegiadas entre líderes y seguidores; así como la práctica de involucrarse en el trabajo y la vida cotidianos de la gente, enseñar dando el ejemplo, y su creencia de que “cuanto menor sea la distancia entre líderes y seguidores, tanto más probable que compartan los mismos problemas, y que los líderes respondan a las mismas necesidades y problemas de la generalidad de la población…”.

En su carta a Carlos Quijano (El Socialismo y el Hombre en Cuba), devenida en obra clave de su pensamiento, el Ché asegura que: “El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo”.

En nuestras luchas nacionales y continentales, en la manera en que nos organizamos y funcionamos, en la sociedad que proyectamos, estas ideas son vigentes, como lo es cuando nos dice que con el afán de hacer lo mejor, pero aún sin todas las herramientas y condiciones se corre el riesgo de caer en la “…tentación de los caminos trillados del interés material…”, y sentencia con sabiduría una frase que puede ser base de su pensar político económico: “Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca), se puede llegar a un callejón sin salida”.

El contexto ha cambiado sustancialmente desde que pensadores como Marx, Engels, Lenin… muchos otros contemporáneos, y el propio Ché Guevara, reflexionaran e intentaran dar pistas de senderos por donde caminar hacia la construcción de un mundo mejor. Tanto cambió que hasta un Francis Fukuyama se aventuró en anunciar el “Fin de la historia”, de la lucha de ideologías, y la prevalencia del Capitalismo como la alternativa inequívoca para la humanidad.

El capitalismo en su crisis cíclica no encuentra una salida real, y ha llevado a niveles insospechados su ferocidad, al extremo que lucha por la concentración de un poder económico trasnacional por encima del resto de los poderes, agudizando a su vez todas sus contradicciones inherentes, y tomando violencia contra todo lo que considera amenaza o impropio, lo que lo hace más peligroso, pero a la vez desesperado y disfuncional a lo que necesitan los pueblos.

Por su parte, tampoco podemos negar que la lucha popular, en todas las formas que se ha manifestado, no ha llegado a “cuajar” en soluciones perdurables, coherentes, sustentables. Pero una verdad también es tangible: en todo este proceso de disputa y aprendizajes, los pueblos acumulan una experiencia y poder sin igual que se manifiesta cotidianamente. El camino no es sencillo en la construcción de unidad de pensamiento para la acción, y es el Socialismo el horizonte que nos mueve a caminar. “Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro”, dijo certeramente el Ché. Y ese presente de lucha es el que estamos viviendo hoy.
En 1962 el Ché expresó que: “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Se sabe que en Nuestra América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo (…) Porque esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar.”

Hasta la Victoria, Siempre
Viviremos y venceremos

Alba Movimientos

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